La calma del ansioso
La mente no calla, se interroga en silencio. Piensa para no caer, para no volver al lugar donde sentir fue riesgo y amar, una grieta. Aprendió a apartarse del sentir, no por frialdad, sino por memoria. Porque hubo emociones que prometieron calma y dejaron temblor. Ahora la cabeza vigila, traduce el impulso en cautela, convierte el latido en idea para que no duela igual. ¿Es sabiduría o miedo este orden impuesto? ¿Es protección o una forma lenta de perderse? La mente, tan trabajada, también se cansa de sostener el control. Sabe que pensar no cura todo, que evitar sentir no borra lo sentido. Y aun así duda, porque recuerda cómo acabó antes. Porque sabe que hay afectos que enseñan a huir antes incluso de llegar. Tal vez no se trate de elegir, sino de permitir que la mente descanse y que el sentir vuelva, no como herida, sino como posibilidad.