La calma del ansioso

La mente no calla,

se interroga en silencio.

Piensa para no caer,

para no volver al lugar

donde sentir fue riesgo

y amar, una grieta.

Aprendió a apartarse del sentir,

no por frialdad,

sino por memoria.


Porque hubo emociones que prometieron calma

y dejaron temblor.

Ahora la cabeza vigila,

traduce el impulso en cautela,

convierte el latido en idea

para que no duela igual.


¿Es sabiduría o miedo

este orden impuesto?

¿Es protección

o una forma lenta de perderse?


La mente, tan trabajada,

también se cansa de sostener el control.

Sabe que pensar no cura todo,

que evitar sentir

no borra lo sentido.


Y aun así duda,

porque recuerda cómo acabó antes.

Porque sabe que hay afectos

que enseñan a huir

antes incluso de llegar.


Tal vez no se trate de elegir,

sino de permitir

que la mente descanse

y que el sentir vuelva,

no como herida,

sino como posibilidad.

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